domingo, 26 de octubre de 2008

Dólares


El jueves estaba a punto de dormirme. Eran cerca de las 11 de la noche, e iba al baño antes de acostarme. Al paso por el comedor, de la computadora salía la voz de mi suegra. Una vez más nos hacía saber cuanto ella tenía ella razón al decirnos que convirtiéramos los pesos en dólares y el poco caso que le habíamos hecho en eso como en otras cosas. Y, por supuesto, tenía razón: en dos semanas todo nos ha comenzado a costar 30% más y, dependiendo del día, un poco más. Yo paso la mañana viendo cómo caen las bolsas y sube el dólar, y me resigno ante esta nueva fatalidad. Utilizo las páginas financieras del New York Times: al levantarme veo las bolsas de Asia y las de Europa, al llegar a la biblioteca, las de América. Evito los periódicos mexicanos para no contaminarme del alarmismo, la desinformación y la sinrazón que los recorre. Parte de los síntomas de esos días es el haber recibido más de cinco correos con la cosa de Amero. Internet, la maliciosa ingenuidad, y una crisis que a veces no se ve dónde va a parar, trae estas cosas, que llega a los periódicos.
Esta vez no ha habido mucho con qué compensar la preocupación. Y el viernes soñé con mi padre (a quién operaban) y con mi tío (al que no saludaba en el sueño). Yo iba semidesnudo, más preocupado por la salud de mi padre que por mi atuendo, aunque luego, claro, me sentí incómodo. Disfruté encontrarlos en sueño, aunque sólo fuera para hacer más evidente mi inquietud.
Esta semana viene a Brown Carlo Ginzburg.

martes, 21 de octubre de 2008

Conacyt


Me escribe CONACYT, entidad a la que solicité un apoyo de al rededor de 600 pesos en tres años:

En los proyectos financiados con $130,000, la recalendarización presupuestal debe hacerse para un año y se recibirá en una sola ministración. Este apoyo se otorga como reconocimiento a la calidad de su proyecto y con la finalidad de que su investigación no se vea interrumpida. El CONACYT está consciente de que los objetivos, metas y entregables comprometidos en su propuesta original no podrán ser cubiertos. Con base en lo anterior, en el anexo 2 de su convenio se estableció este párrafo especial: “Dado el interés por impulsar y fortalecer paulatina y sistemáticamente la investigación básica, comunico a usted, que aun cuando el resultado de la evaluación de su proyecto, realizada por el Comité de expertos con el apoyo de los Evaluadores Acreditados le impidió ubicarse dentro de los proyectos apoyados con mayor cantidad, el Comité Técnico y de Administración del Fondo, acordó asignarle recursos por $130,000.00 (ciento treinta mil pesos) que serán ministrados en una sola exhibición con la intención de que pueda iniciar de manera preliminar el desarrollo de su proyecto, en tanto lo inscribe en una nueva convocatoria del CONACYT o bien, le es posible conseguir el financiamiento por alguna otra instancia. Es importante hacer notar que los proyectos con esta prioridad se considerarán vigentes por un año.

Y luego agrega:

Una vez concluido el periodo de apoyo, se deberá entregar un reporte sucinto en el que se expliciten las actividades de investigación que fue posible atender con los recursos otorgados.

En la maraña de cosas que no entiendo, pues no recibí un dictamen, sólo supe el resultado por una lista (como la del ingreso a la UNAM), nunca me quedó claro si los 130,000 pesos era el monto anual o total del proyecto. A la confusión ayudó una notificación anterior en que se indicaba que necesitaba reprogramar las 130,000 "para el primer año".

Ahora descubro que es para el único año y que no podré renovarlo inmediatamente (tronó el presupuesto, cambió el criterio, a alguien se le olvidó decir las cosas claramente o necesitan a alguien urgentemente que les ayude a redactar).

La buena nueva es que no tengo que hacer lo que me había propuesto, porque no me dieron el dinero suficiente. De hecho, la propuesta es, "pos arráncate, y a ver luego de donde consigues mas lana."

Me pregunto si esta es la forma más eficiente de estimular el desarrollo de la ciencia básica, ¿Cuántos de estos proyectos no pasarán de quemar los recursos sin llevarse realmente a cabo?
En todo caso, estas noticias no ayudan en nada a mi ánimo errante como el peso, y más inclinado a la tristeza que a la alegría. P



domingo, 12 de octubre de 2008

Life in Mars

Los últimos días han sido malos. Se entiende que cuando el peso está a 14 por dólar y tu estás en Estados Unidos, las noticias no son las mejores. Y si de pronto entras en crisis –por cualquier de las 100 razones legítimas para azotarte- y recibes un par de reveses, pues lo normal es que busques a toda costa una manera de compensar el mal humor y el decaimiento, que la mala cama en la que duermo no hace sino incrementar. Y yo lo hago viendo tele. De modo que hoy hablaré precisamente de eso, de lo que estoy viendo en la televisión. Me detendré no en las series que ya se transmiten en México y de la que solo hay una nueva temporada, como Criminal Minds y Lipstick Jungle, sino de las dos series de estreno que me han llamado la atención hasta ahora: el mentalista y Life in Mars.
Del primero diré poco, porque es muy aburrida. Parece ser una muestra entre Buffy, CIS y Monk. La historia es simple: se trata de un policía que antes trabajaba como mentalista, y que utiliza su capacidad de observación y de psicología para descubrir al criminal. La propuesta visual, narrativa y temática, en realidad no aporta nada nuevo, y mejor es pasar de ella.
Pero Life in Mars, que toma como motivo la canción de David Bowie, es una serie que promete mucho. Se estrenó apenas esta semana. En síntesis, se trata de un policía del 2008 que, por un accidente, acaba por viajar al pasado a ser el mismo en 1973. Exceptuando la pésima solución al viaje al pasado (mediante un accidente de tránsito!), el programa es una reflexión muy interesante que confronta dos esteriotipos de policía: el de los 70s, rudo, mal vestido, jodido y corrupto, y el del 2008, fashon, nice, y nerd. El resultado, que tiene que ver sobre todo con la forma en que se maneja la escenografía de los años 70s, no tanto una lección de ambientación, como una lección de conocimiento e investigación de la representación televisiva del mundo policiíaco en los 70s, lo vuelve apasionante.
El programa está en la línea, aunque menos denso, que Swingtown de CBS. Un drama ubicado también en los 70s, sobre la vida de parejas casadas que tienen relaciones con otras parejas.
Y si, por lo menos en parte, la televisión da una compensación, a una ruda semana.