domingo, 30 de noviembre de 2008

Nieve

Hoy nieva por primera vez. Es una lluvia ligera, apenas perceptible, que va cubriendo todas las cosas como con un sutil polvo blanco. A penas se nota. Pero si te fijas bien, todo parece haber palidecido.
Sé que es nieve porque se acumula en las cornisas de las casas, de donde no resbala tan fácilmente como la lluvia. Y eso crea el efecto de enmarcar los techos de las casas, con frágiles marcos blancos. Es un hermoso remate a un fin de semana largo de pereza absoluta. Una razón para permanecer en casa, metido en la cama con un libro, o frente a la tele con el café en la mano; o a lo más, dejando transcurrir las horas del ocio frente a la pantalla de la computadora, mirando de vez en vez a la ventana.
Noto sin embargo, que la nieve no es melancólica como la lluvia. No como la que el martes me condujo a un café en Charles Ave. en Boston para revelarme que algunas almas pertenecen a ciertos lugares, donde son más ellas mismas. Porque la nieve tiene más la forma de un prisión que el irremediable azar que trae consigo la lluvia.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Thanksgiving


Thanksgiving es una fiesta realmente afortunada. Sin carga religiosa que la condicione y sin que la fecha te comprometa a mostrar cuánto amas a los que te rodean, todo es asunto de comer y pasarla bien.
Hoy estuvimos en casa de Pam y Gary, la hija Rose, nuestra casera, y su marido. El es chef y tiene además un rancho, con un lago donde esquiar, en Missouri, caza osos y hace una variedad increíble de otras cosas más. Eso, como se puede imaginar tratándose de thanksgiving es importante al menos en dos sentidos: anuncia buena comida y promete una larga conversación llena de temas interesantes y desconocidos para un citadino rumialibros como yo. Y así fue: comí hasta la saciedad. Había simplemente de todo y todo estaba simplemente delicioso: el pavo, por supuesto, el puré de papa, el gravy, los brocolis con queso, tres horneados de distinto tipo -la verdad es que aunque me hice repetir el nombre y la descripción, no logre comprender claramente qué era-, y las papas dulces con merengue. Luego tres tipos de pays: de calabaza, manzana y nuez...
A la abundancia correspondió un ambiente relajado: ropa informal, la televisión encendida, hijos sin la obligación de ser educados y atentos. Cada quién, pues, a lo suy, para tratar de digerir todo lo comido.
La conversación también fue abundante, pues Pam y Gray son inabarcables: han viajado aquí y allá por el mundo, y el país. Ella es dueña de una tienda de flores y él divide su vida entre cocinar para su familia, y llevar un rancho, con 150 cabezas de ganado, en Missouri, a donde viaja un par de veces al mes. Y yo disfruto los detalles de un mundo por completo desconocido pero, de cierta forma, por las películas y la televisión, de cierto modo familiar. El acento sureño de Gary ayuda a percibir esas singularidades del quién viene de abajo, lo dijo él refiriéndose a sí mismo varias veces, pero que ahora juega a la bolsa y sólo perdió un par de cientos de dólares con la caída del mercado.

Velando armas
Para mostrar el paganismo último que subyace al thanksgiving, a este sigue el vienes negro. El día de las ofertas más agresivas de los comerciantes antes de navidad. Son las 11 de la noche y el noticiero anuncia que ya hay automóviles dirigiéndose a los outlets para esperar la apertura de las tiendas entre las 4 y las 6 de la mañana. Maycis anuncia que su tienda en el mall abrirá a las cuatro y otras que distribuirán boletos desde las 3. Si, el final de un día magníficamente relajado y tranquilo, es la tensión de querer aprovechar ofertas que, a simplemente, parecen una trampa mortal para el mermado presupuesto.

martes, 18 de noviembre de 2008

Clases


El Departamento de Italiano ocupa, en Brown, una casona del siglo pasado en la esquina de Hope y Waterman. Tiene tres pisos, muchas habitaciones y dos extrañas escaleras. Una que desciende largamente sobre la puerta principal, y otra que sube en varios tramos dentro de un cubo y acaba (o comienza) en la puerta que da al estacionamiento.
De las habitaciones, unas son "cubículos" de profesores y de estudiantes de posgrado, y otros son salones de clase. En la primera planta está el Departamento de Alemán, que ocupa algunos cuatros más en el primer y el segundo piso. Hay un par de salónes grandes en esa misma primera planta que comparten los dos departamentos, y otra en el primer piso que también es compartido. En el tercero está el espacio de los estudiantes, donde esta un escaner envidiable del que uno puede hacer uso casi libremente (en el momento en que nadie más lo está usando).
Massimo Riva imparte una clase a los alumnos de posgrado los lunes de las 3 de la tarde a las 5:30 (como el lunch es entre doce y una, los horarios de clase son a las dos en adelante. Es una clase introductoria al estudio de la cultura italiana (así muy general) y me invitó a paricipar en ella, para hablar de mis proyectos de edición digital: la revista digital universitaria (que ya no edito... por razones de recorte de presupuesto), el proyecto Pico y la Biblioteca Digital del Pensamiento Novohispano que está naciendo.
El grupo está formado por 7 personas, de las cuales solo uno es hombre. Mauro. Italiano, interesado en el cine, nacido en Milán y con una novia del mismo lugar, que vive en Connecticut. Todo eso lo se por Roberto, que es el "veterano" de los posgraduados y una mina infinita para saber de los demás. El resto son chicas. Laura, Karina (que es de origen mexicno, pero nacida en Berkley y muy californiana), Helena y, me falla la memoria con el nombre de las restantes porque no comen en el Bunker, conmigo y con Roberto, y no ha habido tiempo de saber sobre ellas.
En cualquier caso, fueron dos sesiones. La primera hace una semana, la segunda apenas este último lunes. Las impartí en italiano, aunque terminé utilizando el lenguaje universal que es aquella que mezcla, sin pudor, el inglés, el italiano, el español, y da cabida, prácticamente a cualquier otra que venga por un instante a la memoria. En la primera compartí el espacio con Federica, una especialista en Carlo Emilio Gadda, que mantiene una revista sobre él, The Edinburgh Journal of Gadda Studies, apasionada, brillante, verdaderamente fascinante. En la segunda, trabajé solo con Massimo.
Por supuesto, siempre dar clases es fabuloso. Sobre todo si te gusta. Y más cuando llevas casi un semestre de ayuno. Mis impresiones, que son obviamente superficiales, es que me impacta el reducido número de alumnos. Era toda una generación. Las acusadas diferencias de edad: muy jóvenes unos más grande otros: entre los 24 y los 32 (los hay más grandes). Su relativo desinterés por los temas digitales (son usuarios avanzados, pero no curiosos del uso de la tecnología). El desequilibrio entre la ingenuidad de algunos y el rebuscamiento de otros. En realidad, la clase resultó contrastante con un par de seminarios de posgrado multidisciplinario a los que he asistido, en que el nivel de discusión es notable (por supuesto, a veces es tan notable que sólo es mamón), que me es difícil entender cómo está realmente articulado el progreso y el avance de los alumnos, de una clase relativamente accesible, a seminarios de mayor complicación.
En todo caso, hoy comiendo con Roberto y con Karina, salió al tema la presión sobre los alumnos y los profesores jóvenes, y cómo cada año hay un grupo de estudiantes que tiene que ser dado de baja porque, o tiene brake down -y acaba en el psicquiátrico- o renuncia para tener una vida razonablemente más feliz lejos de la academia. También hablamos de cómo parece común que los profesores jóvenes consuman estimulantes para poder aguantar la carga de trabajo y la presión de la competencia académica. Karina, que es una de las más jóvenes posgraduadas lo resumió así: el asunto es de carácter. Los débiles están mejor en otra parte.

Notas tontas:
Ahora entiendo por qué la nota del periódico de Brown decía que, a diferencia de sus pares, los alumnos de Brown tienen menos sexo...
El frío está cada día mas bravo. Ya duele salir de casa.